Araceli López Alonso
La Fragmentación en el
Arte (escultura)
El cuerpo ha sido considerado
en Oriente como en Occidente la representación del Universo
en su plenitud. El retrato ha sido la representación escultórica
que se nos han presentando a lo largo de la historia sobre la
fragmentación del cuerpo como presencia del ser. El retrato
escultórico ofrece una larga historia de representaciones
que datan de la antigüedad y la Edad Media hasta nuestros
días.
Los griegos pensaban que la carnalidad de los dioses tenía
que ver con la unidad corporal. Las divinidades de la mitología
helena no conocían ni la corrupción ni la decrepitud.
Su piel, su rostro, su armonía muscular, siempre eran
representadas más allá de los avatares del tiempo,
eran eternos porque su belleza no aceptaba fragmentación
alguna, ni en el espacio ni en el tiempo. Era una carne incorruptible
y luminosa que no tenía nada que ver con los accidentes,
las mutilaciones o las enfermedades de la humanidad.
Poseidón Afrodita Apolo
En el cristianismo, las imágenes
rituales nacen de la disolución misma del cuerpo y su
espacio, la vida verdadera comienza ahí donde el cuerpo
deviene otro: el cuerpo glorioso, el cuerpo místico, el
cuerpo sacramental. La fe católica hace de la fragmentación
corporal la estética de la trascendencia al otro mundo,
la estética de la presencia de Dios en éste o la
de la unión de la comunidad de creyentes más allá
del límite individual. Trascender el cuerpo significa
fragmentarlo en un rostro, en un ojo y en una mano; para con
ello superar la identidad de la materia y mostrar el reino divino
de la espiritualidad.
En el barroco, la forma de representación
del sufrimiento y la gracia se realiza por medio de la desintegración
del cuerpo, una desintegración que, a diferencia de la
medieval, recurre a la retórica de la materialidad de
los órganos: la sangre, la llaga, la piel partida, son
algunos modos en que se simboliza el sentido del sacrificio como
ultraje y disolución del cuerpo. La fragmentación
del cuerpo en el arte barroco recupera la materialidad como sufrimiento
y dolor del cuerpo de Dios, no para demostrar la potencia de
lo sagrado, sino la solidaridad de su carne humana con la de
los hombres. La fragmentación es un símbolo y una
retórica del sacrificio de Cristo para la salvación.
En el renacimiento la fragmentación
de lo bello comienza con las esculturas de Miguel Ángel.
Para Miguel Ángel, el trabajo del escultor es liberar
la forma que, según él creía ya se encontraba
dentro de la piedra. Esto puede verse de manera más vívida
en sus figuras sin terminar, las cuales para muchos parecen estar
luchando por liberarse a sí mismas de la piedra. La falta
de acabado en sus esculturas se debe a que le desagradaban a
medio trabajo y las dejaba sin terminar. Su David representó
no ya una vuelta a modelos de la Antigüedad grecolatina
sino que, por primera vez, se realizaba una obra que los superaba.
Muchas de sus obras están inacabadas (non finito, en italiano),
pero debe diferenciarse entre aquellas en las que el autor, intencionadamente,
dejaba partes sin hacer, como los tondi Taddei y Pitti, de aquellas
otras que no llegó a acabar a causa de factores externos.
Tondo Taddei Tondo Pitti
En sus dos obras inacabadas
voluntariamente, Miguel Ángel se vincula con Leonardo
y su poética de la indeterminación espacial y psicológica,
por lo que dejó algunas partes de sus dos tondi en un
estado de esbozo.
El resto de las obras inacabadas
por accidente permiten, sin embargo, conocer el proceso escultórico
que seguía Miguel Ángel.
Prisionero de Miguel Ángel
A mediados del siglo XVII, el
estilo Neoclásico destruyó las extravagantes formas
a las que había llegado el Rococó, restaurando
la sencillez de las formas antiguas, tanto en las masas arquitectónicas
como en la decoración.
Los teóricos del arte de este período definieron
las nuevas tendencias neoclásicas afirmando que la belleza
ideal no existe en la naturaleza, sino que corresponde al hombre
crearla con la fuerza de su espíritu artístico,
ahora bien, solamente los griegos alcanzaron en su arte esa plenitud,
por lo que el artista moderno no tiene mas remedio que imitarlos.
Factores que favorecen su expansión
Desarrollo del movimiento ilustrado,
seguido de una austeridad moral y pureza de las formas.
Lo hallado en las excavaciones de Herculano y Pompeya, sirvió
de inspiración al movimiento.
Surgen numerosos escritos que ayudan a fomentar el conocimiento
de las Antigüedad.
Aparición de las academias, donde el artista tenía
un estatus social e intelectual superior al que tenían
las anteriores.
Por esto en el siglo XIX comienza la corriente del moldeado en
fragmentos, ya que ni si quiera se esculpía si no simplemente
se moldeaba.
En esta época se pensaba
que la escultura iba a ser el arte mas desarrollado por los planteamientos
de Winckelmann (escritor del arte de la época), y las
excavaciones de Pompeya. Pero los planteamientos de Winckelmann
fueron mal interpretados, ya que se copiaban al pie de la letra
y eso provocó una ausencia de naturalidad, por lo que
se caracterizó por su sobriedad, renuncia al naturalismo,
y la búsqueda del equilibrio volumétrico. El material
preferido era el mármol.
Son temas importantes de esta
época el desnudo heroico y la mitología. Esto se
produjo porque la mayor parte de las obras que se encontraron
en las excavaciones eran mitológicas. Así que era
frecuente que los personajes públicos aparecieran asumiendo
el papel de un Dios
A finales del siglo XVIII, en
pintura y escultura se produjo una reacción contra la
rigidez académica y una afirmación de libertad
y eclecticismo sin limitación alguna. Este movimiento
dará lugar a la aparición de dos corrientes estéticas:
el Romanticismo y el Realismo.
La fragmentación, categoría
antropológica y de la modernidad
Winckelmann, toma contacto con
una realidad histórica, la griega, y por otra, la idealiza
de tal manera que la permuta en una encarnación de una
naturaleza universal para todos los hombres; todo esto, impregna
el historicismo de finales de siglo. La interpretación
por parte de Schiler de la humanidad natural de los griegos,
adopta, la visión del Clasicismo de Weimar.
Grecia concilia los antagonismos, mantiene la unidad y la armonía
de la naturaleza humana y de las esferas de su actividad. La
época moderna, enfrenta la Naturaleza y la cultura, entendida
como la naturaleza humana, como una totalidad y unidad donde
cooperan los contrarios. Frente a Grecia, la época moderna
esta dominada por la división; esta desmembración,
promueve un desarrollo unilateral, desigual y excluyente.
Schiler detecta el principal antagonismo existente entre las
potencias del alma, sobretodo entre los sentidos y el espíritu;
solamente es posible avanzar a través del antagonismo.
Este mecanismo, tiene que ser un impulsor de la cultura, pero
nunca un fin, pasando a un tercer estadio que sea capaz de reunificar
lo separado, la totalidad del hombre. Rousseau, había
atisbado ya la disociación; si este lo introducía
con objeto de enfatizar el contraste entre los especialistas
y el ciudadano, los alemanes acentúan el enfrentamiento
entre el hombre entero y el fragmentado; todos conforman los
rasgos de lo moderno, el hombre privado y el ciudadano.
La unidad interna de la naturaleza humana esta impelida por la
división de las ciencias (separación entre las
ciencias a priori y a posteriori).
La fragmentación se trasvasa a lo social, a la dialéctica
entre el individuo singular y el cuerpo social; el individuo
se ve obligado a una vida mecánica y artificial, eternamente
unida a una partícula del conjunto; como consecuencia
el cargo y la posición se convierten en la medida del
hombre (preeminencia otorgada a lo social).
La ilustración propugnaba una división natural
entre incultos y cultos, entre los absorbidos por las necesidades
inmediatas de la vida y los entregados al cultivo del espíritu.
La ilustración popular, se apreciaba en la creencia en
la capacidad evolutiva del hombre, a través de un proceso
o socialización cultural adecuada. Todo individuo humano
puede decirse que lleva en si la determinación y la pauta
del hombre puro ideal, depende de cada uno elevar su propio individuo
a la dignidad de la especie. El principio de universalidad engloba
a todo hombre como ciudadano del mundo.
El sujeto empírico se
ve afectado también por la fragmentación de la
sociedad. Según Schiler a la parte trabajadora le corresponde
la producción, y a la contemplativa, recoger los frutos
de la primera. La desconfianza que le dan las dos clases, le
lleva a optar por una tercera; la protagonista capaz de reconciliar
los antagonismos de donde brotara el ideal de la bella humanidad.
La fragmentación afecta al interior de las obras artísticas,
refiriéndose a la desintegración del orden estable
de las representaciones clásicas.
Texto de Marx:
Todo lo que la burguesía
construye, es construido para ser destruido "Todo lo sólido
,desde las telas que nos cubren hasta las telas y los talleres
que las tejen, los hombres y las mujeres que manejan las máquinas,
las cosas y los barrios donde viven los trabajadores, la empresas
que explotan a los trabajadores, los pueblos y ciudades ,las
regiones y hasta las naciones que los albergan, todo está
hecho para ser destruido mañana, aplastado o desgarrado,
pulverizado o disuelto, para poder ser reciclado o reemplazado
a la semana siguiente para que todo proceso recomience una y
otra vez ,es de esperar que para siempre en formas cada vez más
rentables.
Siglo XIX
La historiografía considera al siglo XIX como el comienzo
definitivo de la Edad Contemporánea.
En el siglo XIX hubo una enorme
producción de esculturas, pero a pesar de su prestigio
académico, la escultura de la época empalidece
comparada con la pintura. Baudelaire la consideraba como un arte
demasiado material, demasiado inerte para expresar el sentimiento
moderno.
La escultura del siglo XIX no dice mucho al público actual,
a pesar de los esfuerzos recientes por descubrirla.
La característica fundamental
son sus fuertes cambios. Cambios anunciados y gestados en el
pasado pero que se efectuarían, de hecho, en el siglo.
Cambios en todos los ámbitos de la vida y el conocimiento.
Revoluciones de todas las índoles tendrían su lugar.
La ciencia y la economía se retroalimentarían,
el término "científico", acuñado
en 1833 por William Whewel sería parte fundamental del
lenguaje de la época; la economía sufriría
dos fuertes revoluciones industriales, la primera acaecida entre
1750 y 1840, y la segunda entre 1880 y 1914. En política,
las nuevas ideas del anterior siglo sentarían las bases
para las revoluciones burguesas, revoluciones que se explayarían
por el mundo mediante el imperialismo y buscaría alianza
con el movimiento obrero al que, para evitar su triunfo, le cederían
el sufragio universal; en filosofía, surgirían
los principios de la mayor parte de las corrientes de pensamiento
contemporáneas, corrientes como el idealismo absoluto,
el materialismo dialéctico, el nihilismo y el nacionalismo;
el arte demoraría en iniciar el proceso de vanguardización
pero quedaría cimentado en movimientos como el impresionismo.
En el siglo XIX hubo una enorme
producción de esculturas, pero a pesar de su prestigio
académico, la escultura de la época empalidece
comparada con la pintura. Baudelaire la consideraba como un arte
demasiado material, demasiado inerte para expresar el sentimiento
moderno.
La escultura del siglo XIX no dice mucho al público actual,
a pesar de los esfuerzos recientes por descubrirla.
Rodin
Cuando Rodin comenzó a interesarse por la escultura, esta
manifestación artística había alcanzado,
en Francia, una complejidad formal, semántica y funcional
extraordinaria. Nunca antes se habían producido tantas
y tan variadas esculturas con fines tan distintos, del monumento
público al funerario, de la ornamentación arquitectónica
a la pieza íntima, de la exposición temporal al
museo, de la estatua al busto, del relieve al grupo, de la mitología
a la historia, del retrato a la alegoría. La demanda era
incesante. Los límites entre la idea tradicional de creación
única y el nuevo concepto de diseño y artes decorativas
empezaban a socavar el fundamento de una de las artes mayores.
El inacabado de Rodin nace del
"non finito" miguelangelesco. Pero en pintura como
en escultura, la estética del abocetamiento de la impresión,
tiene mucho que ver con la consideración romántica
del genio, que convierte en obra maestra todo aquello que toca,
sin necesidad de poner punto final, tanto como en el gusto moderno,
que relaciona las artes visuales tradicionales con otra forma
de apoderarse del mundo sensorial, no visible hasta entonces,
y para cuya expresión no es necesario utilizar una silueta
nítida.
La reivindicación del
fragmento como totalidad anímica, que encierra en sí
mismo la esencia de la creación es el gran hallazgo estético
de Rodin.
La idea recorre todo el fin
del siglo: la creatividad tiene una naturaleza suprasensorial
que late en la materia, en cualquier parte de ella, por lo que
siempre puede ser reconocida y apreciada, aunque la unidad física
se pierda. Parece evidente desde que los restos arqueológicos
antiguos habían sido admirados por fragmentos. Pero las
consecuencias que ello tiene como intencionada práctica
moderna son enormes: supone el rechazo a la subordinación
que impone el tema porque desaparece, o se diluye, tiende a la
valoración del proceso más que el resultado, del
concepto más que del objeto, lo que desmaterializa la
creación y subraya el poder de lo efímero; y realza
el gesto y la sugerencia, es decir, el poder de la percepción
subjetiva que entra a formar parte esencial de la obra de arte,
que no existe sin la intervención del espectador.
Pero Rodin fue más allá
con el injerto de fragmentos. Algunos contemporáneos le
acusaban de pereza en su madurez, ya que se basaba en la reutilización
descontextualizada de fragmentos de esculturas realizadas en
épocas anteriores de su vida. Pero ésta práctica
ha cobrado un inesperado interés a la luz de la evolución
artística contemporánea, dominada por el hallazgo.
Rodin parece intuir las posibilidades del samblaje, aunque sin
traspasar los límites de su propia actividad, previamente
convertida en artística. Cuando concibe "La mano
de Dios" parece decirnos que él es el artista-Dios.
Y la falta de modestia siempre nos incomoda.
Precisamente, la fragmentación
del cuerpo y la autonomía del torso como género
escultórico permitieron a Rodin establecer un puente para
unir la brecha entre el arte de la Antigüedad (los "torsos
mutilados de estatuas griegas y romanas" que describe Schiaffino)
con la propia obra del gran escultor francés.
Transición hacia el siglo
XX
Las exposiciones de Rodin en
1898 y 1900 consistían en figuras "inacabadas"
desde el punto de vista anatómico: sin cabeza, sin brazos,
sin piernas, o desprovistas por completo de todos los miembros.
Sin embargo, no habían sido concebidas como bozzetti,
como estudios, sino como obras de arte completas. Esta idea fue
muy pronto acogida por algunos pintores y escultores jóvenes.
También se concibieron
como esculturas por sí mismas otras partes separadas del
cuerpo. Los ejemplos más hermosos a este respecto son
sin duda El Brazo 1947 y La Pierna 1956 de Alberto Giacometti.
Siglo XX
Un signo de la transición
del Modernismo al Postmodernismo es el reciente arte de la figura
retratando el cuerpo no como presencia sino como ausencia.
La fragmentación ha llegado a ser un motivo constante
del arte y de la cultura de nuestro siglo, los cuerpos mutilados
y en estado de desintegración cruzan el imaginario del
mundo contemporáneo.
Leonardo Bistolfi , "La
morte" (1912-1913) Henry Gaudier Bireska, "Torso"
(1913)
Vanguardias y postvanguardias.
Las vanguardias comienzan a
finales del S.XIX y principios del S.XX todas se inician a la
vez, o sea, coinciden simultáneamente en el tiempo, todas
coinciden en crear algo nuevo pero con estéticas totalmente
diferentes. En común tenían una actitud vital innovadora
que rompía absolutamente con el pasado
Las vanguardias son el aspecto más radical de la modernidad,
el relativismo más radical, la ruptura más radical
y el punto de vista más innovador. De hecho fueron los
primeros que rompieron con las academias y los salones oficiales.
La primera vanguardia fueron los Impresionistas, que curiosamente
hacen su primera exposición en el estudio de un fotógrafo,
Nadar.
En la modernidad se revisan y adaptan los textos antiguos, las
vanguardias no quieren esto, quieren romper con todo lo anterior
y crear nuevos caminos hacer futuro.
Según Baud las vanguardias a fuerza de romper con todo,
se rompen unas a otras y terminan autodestruyéndose, eliminando
el propio objeto artístico, ya que al final lo importante
es la idea los museos se vacían
arte conceptual,
este sería la última vanguardia. La posmodernidad
es el discurso crítico contra los excesos de las vanguardias.
Son sus obsesiones rupturistas, con tanto romper se cargan el
arte.
El arte no estuvo integrado en la sociedad durante las vanguardias.
Alexander Archipenko, Picasso,
Gargallo, Humberto Bociani, Raymond Duchamp Villó, Miro,
Giacometi, Antoine Pevsner, Henry Moore, Bárbara Hepword,
Brancusy, George Segal, Louise Bourgueois, Marc Quinn, Cesar
Baldaccini,
Siglo XXI
Doctor Muerte Mario Irarrázabel Covarrubias Myung Seop
Hong
Conclusión:
En las fases primitivas del desarrollo de la civilización
los conceptos del hombre eran esencialmente más de totalidad
que de fragmentación. En Oriente estos conceptos todavía
sobreviven en el sentido de que tanto la filosofía como
la religión ponen de relieve el concepto de totalidad
y presuponen la futilidad de analizar el mundo en partes. Estas
nociones Orientales que, no solamente incluyen un concepto del
mundo que niega la división y fragmentación, sino
que también cuentan con técnicas de meditación
que llevan todo el proceso operativo, de un modo no verbal, hacia
el estado tranquilo de flujo ordenado y suave que necesitamos
para terminar con la fragmentación, tanto en el proceso
real de pensamiento como en su contenido.
En Occidente la noción de medida ha desempeñado
un papel decisivo para determinar el propio concepto del mundo
y el modo de vivir que supone tal concepto. Así los antiguos
griegos de quienes procede una gran parte de nuestras nociones
fundamentales, el mantenerlo todo dentro de su correcta medida
se consideraba como una de las causas esenciales de una buena
vida. La medida no se consideraba en un sentido moderno, primario
como una especie de comparación de un objeto con un patrón
externo, o unidad, sino más bien como una forma de exteriorizar
una "medida interna", más profunda que tenía
un papel esencial en todas las cosas. Cuando algo iba más
allá de su propia medida era interiormente inarmónico,
por lo que estaba destinado a perder su integridad y descomponerse
en fragmentos. Esto refleja el concepto de que se consideraba
la salud física como el resultado de un estado de orden
y medida interiores en todas las partes y procesos del cuerpo.
Según el concepto antiguo, la razón se ve como
la observación de una totalidad de "ratio" o
proporción que se puede aplicar interiormente a la verdadera
naturaleza de las cosas. La medida es una forma de penetrar en
la esencia de todas las cosas y que la percepción del
hombre, al seguir los caminos que le señala, será
clara y por consiguiente, producirá una acción
generalmente ordenada y una vida armoniosa. Según fue
transcurriendo el tiempo, ésta noción de medida
fue cambiando gradualmente, perdió su sutileza y se fue
haciendo relativamente grosera y mecánica. Los hombres
comenzaron a aprender mecánicamente éstas nociones
de medida y no creativamente un sentimiento interno y una comprensión
del significado más profundo de la ratio o proporción
que estaban aprendiendo. Como resultado de ello las ideas predominantes
acerca de la medida ya no fueron en lo sucesivo que consistiesen
maneras de observar, sino que aparecieron como "verdades
absolutas acerca de la realidad tal como es".
Este concepto de medida fue haciéndose cada vez más
rígido y reducido a un simple objeto hasta que, en la
actualidad, la palabra "medida", ha llegado a significar
principalmente, el proceso de comparación de algo con
un patrón exterior a él.
La tradición estética
griega ha hecho de la unidad del cuerpo la forma misma de belleza.
Desde la cultura clásica hasta el Renacimiento y el barroco
secular y, más tarde, las expresiones neoclásicas
e impresionistas han hecho de la unidad del cuerpo la forma misma
de la belleza. El modo mismo del cuerpo indiviso es el que corresponde
a la posibilidad de representación en la conciencia a
la manera en que lo entiende la estética kantiana.
La belleza de lo clásico se rompe en el manierismo de
Miguel Ángel con las figuras no acabadas. Todo esto tiende
a complicar la estética .En los siglos posteriores con
la estética de la ruina, de lo sublime se va gestando
la fragmentación en la sociedad y repercute en el arte
mismo.
La época moderna está dominada por la división
.La sociedad está desmembrada y la fragmentación
se trasvasa a lo social. La fragmentación afecta al interior
de las obras artísticas, refiriéndose a la desintegración
del Orden de las representaciones clásicas .Los cambios
gestados del pasado en todos los ámbitos de la vida se
efectuarán en el siglo XIX ,los intentos de unidad por
lo bello es problemático. La disciplina novedosa de la
historia de los sentidos hace que se exprese la verdad de la
época, que se une a un sentido progresivo que nos obliga
a realizar objetos artísticos que signifiquen la realidad
actual. Cuando algo se expresa en una cultura es porque se ha
hecho visible, es un proceso que ha madurado.
A Rodin se le atribuye el gran
hallazgo estético del fragmento como totalidad anímica
que encierra en sí mismo la esencia de la creación.
Pienso que tiene que ver con la consideración romántica
del genio, que convierte en obra maestra todo aquello que toca,
de ahí sus obras, la mano del artista, y la práctica
habitual de moldes en el que Rodin los repetía para sus
distintas obras. Como hizo con el torso de Adéle.
Durante lo primeros años del siglo XX hubo una gran obsesión
por los torsos. La búsqueda de lo inmediato. Se realizaron
torsos en todos los estilos, tendencias y materiales. Después
de la segunda guerra mundial las esculturas que se realizaban
eran fruto de la desintegración social. Seguían
abundando los retratos, los torsos, pero la fracción del
cuerpo en la escultura cada vez se hacía más pequeña,
hasta llegar a la desintegración interna como ocurre en
la época actual con el doctor muerte que expone cadáveres
diseccionados o laminados utilizando una "plastificación"
que, con recursos técnicos sorprendentes, logra preservar
los tejidos de una manera perfecta, que da la sensación
de que están vivos. La idea del artista es, además
de mostrar un trabajo que tiene valores artísticos, ser
didáctico y enseñarles a las personas cómo
funciona un cuerpo humano.
La fragmentación ha llegado
a ser un motivo constante del arte y de la cultura de nuestro
siglo. Partiendo de la figura humana en el siglo XX se han representado
todo tipo de fragmentos escultóricos, se han realizado
con todo tipo de técnicas y materiales, representando
muy bien el reflejo de la época.
La fragmentación parece
ser lo único en nuestro sistema de vida que es Universal,
que funciona por todas partes sin fronteras ni límites.
Ello sucede porque las raíces de la fragmentación
son muy profundas y amplias. La fragmentación se origina
al fijar los conceptos que forman nuestra visión general
del mundo, y la produce nuestra manera de pensar, generalmente
mecánica, rutinaria y habitual. Nuestra manera de pensar
está impregnada de fragmentación, la percepción
fragmentaria es por esencia, en su mayor parte un hábito
inconsciente de confusión entre lo que es diferente y
lo que no lo es. La fragmentación es en esencia, una confusión
acerca de la cuestión de la diferencia y la unidad. No
está sólo en el contenido del pensamiento, sino
en la actividad general de quien está "desarrollando
el pensamiento" y por eso está tanto en el proceso
de pensar como en su contenido. Nuestra forma fragmentaria de
pensar nos está llevando a un amplio conjunto de crisis,
social, política, económica, ecológica,
psicológica, etc., tanto en el individuo como en la sociedad
considerada como un todo.
Cuando el campo entero de la medida se encuentra abierto a una
visión original y creativa, sin límites fijos ni
barrera alguna, nuestra visión global del mundo deja de
ser rígida, y el campo entero de la medida se armoniza,
desapareciendo su fragmentación interna.
Bibliografía:
-Historia de un arte. La escultura tomo IV siglo XIX y XX, edición
Carraggio, S.A.
-Marshal Berman. Todo lo sólido se desvanece en el aire.
La experiencia de la modernidad.
Editores, S.A. Siglo XXI
-Historia de arte: ed. Salvat.
Las vanguardias. Expresionismo y abstracción- tomo 17
Las vanguardias. Del simbolismo al cubismo- tomo 16
El realismo y el impresionismo- tomo 15
Rococó, Neoclásico y Romántico- tomo 14
-La originalidad de la vanguardia modernista y otros mitos.1985
Cambridge, Rosalind Kraus
-Enciclopedia de los Conocimientos. Tomo 16. Ed. Océano.
-Enciclopedia Suma Artis. Tomo 34, 35.
-Arte del siglo XX. Editorial Taschen. Ruhrberg. Schneckenburger.
Fricke. Honnef. 2001 Köln. (Trabajo de fichas).
-La totalidad y el orden implicado. David Bohm. Ed Kairós.
Mayo 1998.
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