Para nosotros, los occidentales, celebrar una fecha
más del nacimiento del Maestro Jesús es algo muy
importante como cristianos. Sin embargo creo que es mucho más
significativo hablar de un nacimiento virginal en cada corazón.
Pienso que el verdadero nacimiento ocurre a cada instante en
cada uno, como símbolo de novación. El nacimiento
inmaculado lo entiendo como el resurgimiento limpio de nuestro
Yo. Cada uno de nosotros, libres de todo prejuicio, libres de
todo tipo de ataduras, libres para hacer o no hacer. Nacer de
una Virgen, es en realidad hacernos inofensivos, puros, incapaces
de cualquier tipo de maldad hacia todo tipo de vida, porque,
Vida está presente hasta en lo que nos acostumbraron a
llamar reino de los minerales. La Naturaleza toda palpita, desde
lo infinitamente pequeño hasta lo macroscópico.
Todo debe provenir de una misma Fuente, si es así, Esa
Fuente es la Matriz, la Madre, y si de ese Vientre ha surgido
todo, entonces la hermandad es una realidad innegable. Sí,
todos somos hermanos como lo decía Francisco de Asís,
cuando con deliciosa ternura, hablaba del hermano Sol y la hermanita
Luna...
Creo firmemente que cuando alguien siente la ternura,
con solo mirar los ojos de un niño, con ver los brillos
fascinantes de un atardecer, o cuando se arroba con el murmullo
de agua, o con el canto de los pajaritos, o cuando sentimos fuego
ante la ejecución diestra de una pieza musical o al leer
un bello texto, sea prosa, verso. También cuando sentimos
el dolor del otro, cuando nos atormenta la impotencia por no
poder paliar el dolor ajeno... En fin sentir, vivir, en cuerpo
y alma, admirarse a cada instante, es un síntoma de que
posiblemente el parto virginal ya se puede ir "pensando",
aunque para dar a luz a Ése, duremos posiblemente varias
vidas.
Deseo de todo corazón que en cada uno de vosotros
llegue a morar Ése, y tengáis preparada vuestra
propia Belén para recibirlo con gran boato.
Paz y Amor en vuestros corazones y en el de todas
la Humanidad. Sea esa la verdadera intención de todos
nosotros en el próximo año 2011.
Fuerte abrazo,
Ana Lucía Montoya Rendón |